De hibridaciones y sedimentos

Introducción
La ciudad es un territorio en tensión, un palimpsesto donde las huellas del tiempo se superponen y dialogan en capas de memoria, materia y luz. En la obra de Mariano García-Valiño, este espacio se descompone y se recompone en un proceso donde la imagen fotográfica, en su origen documental, se fragmenta hasta volverse otra cosa: una topografía abstracta. En su nueva muestra, The Vast Within (El Vasto Interior), que se presentará en abril de 2025 en la Galería del Paseo en Manantiales, Punta del Este, el artista profundiza en su indagación sobre la textura, el color y la materia de lo urbano, construyendo un espacio donde la imagen ya no es representación sino acontecimiento, huella, vestigio de un paisaje que nunca deja de mutar.
Partiendo de registros fotográficos de las ciudades de São Paulo, Buenos Aires, Barcelona y Punta del Este, García-Valiño reconstruye sus fragmentos arquitectónicos, desplazando la mirada desde la desmesura de la metrópolis hacia la intimidad de sus texturas. En palabras del artista “Cada fotografía es un intento de resolver el rompecabezas oculto en el objeto. La toma es solo el inicio. Así como para Ansel Adams o Man Ray, el cuarto oscuro es esencial en mi proceso, permitiéndome seleccionar deliberadamente geometrías y colores para revelar estructuras invisibles. Luego, como Uelsmann, utilizo fragmentos para enmascarar y fusionar múltiples exposiciones en un solo cuadro, hasta que la arquitectura interna del hiperobjeto atrapado en la imagen se hace visible.” En este proceso, las formas se deshacen y reconstruyen, como en una ruina que revela, en sus fisuras, los relatos de un pasado latente. El artista opera en los intersticios, en esos espacios donde la estructura se abre para dejar ver lo que persiste como un eco visual. 

La materia prima
La densidad matérica dialoga con la espesura de la arquitectura como materia prima, sobre cuya imagen se pliega y despliega en una dialéctica de ocultamiento y revelación. En la serie de García-Valiño, las imágenes resultantes de sus  procesos de post-producción y los registros fotográficos originales se funden en un ensamblaje donde las texturas del tiempo se imprimen en la superficie. La imagen, desgarrada y recompuesta, evoca la tradición de la pintura expandida, donde los límites entre medios se vuelven porosos y la obra deviene en un espacio de indagación perceptiva.
La luz no solo ilumina, sino que modela el espacio emocional de la imagen. La atmósfera que emana de sus composiciones sugiere una tensión entre lo visto y lo intuido, entre la presencia y la ausencia. Las estructuras arquitectónicas que sirven de base a estas composiciones se han disuelto en manchas, en veladuras de color que nos devuelven la imagen como un espectro, como una reminiscencia que se resiste a desaparecer.
En este proceso, la fotografía deja de ser un registro para convertirse en acontecimiento, en un ensamblaje que juega con las texturas del tiempo. La imagen se manifiesta en capas, revelando sus propias tensiones internas. Hay una narrativa en cada composición de García-Valiño, un recorrido emocional que nos invita a habitar la ciudad de un modo distinto: no desde la distancia de la representación, sino desde la proximidad de la materia, desde la textura de lo visible.

Phasma metropolitano
Hay algo fantasmagórico en esta exploración, una insistencia de lo que ha sido y persiste en la imagen fantasma. Georges Didi-Huberman en su obra “La imagen superviviente”[i] establece que hay un tratamiento de la imagen que trastoca su temporalidad y que es posible, a través “de hibridaciones y sedimentos” generar una imagen anacrónica, que no niega al tiempo, sino que lo complejiza. Esta forma de comprender la temporalidad en las imágenes artísticas se hace presente en el procedimiento que emplea García-Valiño sobre su materia prima. El proceso de elongación y repetición, color y esfumado, que resalta lo geométrico y la línea de fuga, propone una abstracción que, aunque siempre es anhelada, no reniega de su base concreta: el entramado arquitectónico. Inclusive en la denominación de las obras aquellas que revelan su materialidad con más evidencia en general son “Sin título”, y aquellas en donde la abstracción de la línea y el color imperan remiten a “caminos” o “creces de caminos” “rendijas” o “cables”.
En particular la fuga de luz en medio de las tramas no hace más que subrayar el fenómeno del phasma: esa esencia misteriosa, que atrae, que se intenta asir pero que siempre es esquiva al observador. En palabras de Didi-Huberman: “Los fasmas –de la palabra griega phasma, que significa forma, aparición, visión, fantasma, y por lo tanto presagio– son animales bastante extraños cuya existencia y aspecto desconocía (a pesar de haber leído a Caillois) antes de descubrirlos un día en el vivario del Jardín des Plantes. Descubrimiento sentido como una pequeña experiencia visual bastante paradójica, notable, aunque inofensiva. Emblemática, a decir verdad, de un problema más general referido a la semejanza y la desemejanza, a la figura y la desfiguración, a la forma y lo informe.”[ii] Y este procedimiento de búsqueda “diferente” que surge de la forma, pero la trasciende creando una nueva obra son parte de las herramientas que utiliza el artista en su trabajo. En ese sentido, enfrenta a los espectadores a la “experiencia visual bastante paradójica” de presenciar un extrañamiento que nos lleva a un plano-otro de creación.

El resultado
La cartografía que se configura en la muestra es, también, una exploración de la mirada. García-Valiño realiza un recorrido minucioso por la escena urbana, convirtiendo cada fragmento en un territorio posible. La ciudad, en su obra, es un organismo en perpetua transformación, un espacio donde la memoria y la materialidad se entrelazan en un proceso continuo de desaparición y reconstrucción. En esta búsqueda, el artista asume la posición de un arqueólogo visual, rescatando lo que suele pasar desapercibido y otorgándole una nueva existencia.
Si la realidad, en palabras de Donna Haraway[iii], tiene la doble cualidad: material y semiótica, cuya manifestación permite el devenir en un nuevo objeto, en The Vast Within asistimos a un proceso donde la imagen se reconfigura hasta convertirse en una nueva entidad. Esta transformación implica una posición crítica: en un mundo donde la imagen está cada vez más estandarizada, García-Valiño propone una imagen que resiste, que interpela desde su propia materialidad. En este sentido, su obra se inscribe en la tradición de la pintura contemporánea que explora los límites del medio, proponiendo una arquitectura visual donde lo natural y lo artificial se entrelazan en una nueva sintaxis.
En el horizonte de The Vast Within, la ciudad deviene en una arquitectura oscura, sin naturaleza, como la define Morton[iv]. La obra de García-Valiño nos enfrenta a lo inabarcable de lo urbano y sus consecuencias, a su condición de hiperobjeto que nos sobrepasa y, sin embargo, nos habita. Frente a esta vastedad, el artista propone una estrategia de búsqueda y contemplación: un acercamiento minucioso a lo que permanece en los pliegues de la ciudad, en sus texturas olvidadas, en sus espectros de luz y color. En esta exploración, lo que emerge no es solo una imagen, sino una experiencia sensorial, un espacio donde la mirada se encuentra con la materia y la ciudad se revela en su inmensidad interior.

Jacqueline Lacasa
Curadora

[i] Didi-Huberman, Georges (2018) La imagen superviviente. Historia del arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg. Abada editores.
[ii] Didi-Huberman, Georges (2015) Fasmas. Ed. Shangrila.
[iii] Haraway, Donna (2019) Seguir con el problema. Ed. Consonni.
[iv] Morton, Timothy (2023) Arquitectura sin naturaleza. Ed. Barteblooth.